lunes, 14 de noviembre de 2011

El mito de la caverna

El mito de la caberna, habla sobre individuos atados de pies y manos sin posibilidad de mover tan siquiera la cabeza. Nos habla de que estos individuos atados, ven hacia un muro, el fondo de la caverna en la que están, en ese muro, ven sombras y escuchan sonidos extraños, por lo que suponen que son "mounstros" los que crean aquellas sombras, suponen sobre cosas que desconocen. El mito nos dice que un día un sujeto de tantos aquellos atados, se desata, y logra ver, que las sombras misteriosas que provocaban su especulación, no son mounstros, son personas como el con objetos que también desconoce.
El sujeto, en búsqueda de más información y conocimiento (ahora que es libre) recorre por donde puede, hasta que sale de la caverna, pero como siempre ha estado en las sombras, la luz del exterior le es tan deslumbrante que consigue cegarlo por un rato hasta que sus ojos se adaptan a áquel ambiente.
Después de adaptarse un poco a esa nueva luz, el llega a un lago donde se reflejan objetos del alrededor, pero como aún no está preparado para ver directamente tanta luz, le es gratificante observar en el reflejo objetos nuevos.
Pero él, después de un tiempo decide que quiere Más, ya no solo quiere ver los objetos, ahora quiere tocarlos, y en un paso, mira los objetos reales coloridos y se queda encantado, pues es algo que es realmente distinto a su pasado.
También después de actuar con los objetos físicos verdaderos, busca de donde proviene la luz. La luz que le ha llevado hasta ese punto, la luz que provocó las sombras, la ceguera, el reflejo, el color e iluminación, quiere saber de donde proviene.
Y mira al sol. Lo contempla.
Entusiasmado, después de tanta información y experiencia más alla de su pasado, decide ir a compartir todo esto con sus compañeros atados, pero ellos en su ignorancia le dicen que no puede ser, porque ellos no lo han visto ni vivido, que no puede ser cierto, y lo juzgan de loco.
Entonces él se ata así mismo y vuelve a mirar al muro, dejando atrás todo aquello que lo deslumbró pero que después lo hizo sentir sólo.

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